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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

El Papa y los jóvenes

El Papa y los jóvenes

En sus viajes apostólicos el Papa Francisco casi siempre reserva un momento para encontrarse con los jóvenes. Sus palabras entusiasman a las multitudes y nos estimulan a seguir las huellas de Cristo.

Cuando habla con los jóvenes utiliza palabras y ejemplos que fácilmente entienden los muchachos. Todo lo que dice está encaminado a animarlos a fortalecer la fe, a tomarse en serio la misión de anunciar el Evangelio con la alegría y el testimonio de una vida coherente con lo que creen.

Entre tantas, hay tres frases de Francisco que ahora deseo compartir y comentar:

“No balconeen la vida”. No podemos pasar los años viendo todo desde lejos, desde el balcón, sin comprometernos. No podemos ser meros espectadores críticos de lo que sucede en la Iglesia, en la familia y en la sociedad. Solo los protagonistas del cambio construyen el futuro. Creemos que hacemos lo suficiente cuando anunciamos cosas buenas que otros deben hacer, cuando denunciamos las injusticias sociales y criticamos o juzgamos a nuestros padres. ¡Basta de lamentos y acusaciones! Despojémonos del temor al compromiso, señal de egoísmo y cobardía. Metámonos en la vida, como lo hizo Jesús. Él se comprometió con todos, compartió con los pobres y pecadores, dio de comer a los hambrientos, perdonó a los pecadores y nos dijo que solo posee la vida plena el que ama a sus hermanos.

“No licuen la fe”. La fe en Jesucristo es algo serio, hay que aceptarla y vivirla en su totalidad. No podemos quedarnos en la lista de los católicos mediocres, de aquellos que se contentan con el mínimo esfuerzo. Sin lucha y sacrificio diario no conseguiremos la plena realización de nuestros ideales. Cuando queremos minimizar las exigencias de la fe nos inventamos un Dios a nuestra manera, según nuestros gustos, predicamos un Evangelio light, para justificar nuestra falta de compromiso.

“La Iglesia no es estacionamiento”. No es para jóvenes jubilados y cansados, sin ilusiones.

Decimos que vamos a la Iglesia para sentirnos bien, para encontrar la paz, pero luego nos quedamos tan tranquilos sin aceptar desafío misionero que Jesús nos hace. No basta con decir: “yo creo”, “yo rezo”, “no hago mal a nadie”. Es necesario comprometerse con una Iglesia en salida, dispuesta a ir a las periferias para hacer presente la misericordia de Dios. Pues solo llegan a ser felices los que tienen la audacia de salir, capacidad de abrazar y perdonar.

La Iglesia necesita jóvenes valientes, dispuestos a dejarse evangelizar por Jesucristo, generosos para entregarse a la evangelización de otros jóvenes. Convencidos de su fe para decirle sí en la vida matrimonial o en la emocionante vocación sacerdotal y religiosa.

Con estas y tantas otras enseñanzas el Papa nos recuerda que, para vivir nuestra vocación de discípulos misioneros y evitar caer en una vida cómoda, sin compromiso, tenemos que edificar nuestra existencia sobre una verdadera amistad con Jesús, alimentada con la oración y los sacramentos. Luego esa amistad debe proyectarse en la relación con los demás, en el trato sincero, sin excluir a nadie.

Estos son los desafíos que hoy nos presenta el Señor. Es así como nos llama, con la misma ternura que manifestó a los primeros discípulos, con la misericordia que ofreció a la pecadora, con el corazón que perdonó a Pedro y le encomendó el cuidado de su Iglesia. Él espera nuestra respuesta.

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