En la familia aprendemos a abrirnos a los demás, a crecer en libertad y en paz. La gran misión de la familia es acoger a Jesús que viene, recibir a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos, porque Jesús está allí.
“Con profundo gozo miramos a las familias que permanecen fieles a las enseñanzas del Evangelio, agradeciéndoles el testimonio que dan y alentándolas. Gracias a ellas, en efecto, se hace creíble la belleza del matrimonio indisoluble y fiel para siempre. El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia. En su unión de amor los esposos experimentan la belleza de la paternidad y la maternidad; comparten proyectos y fatigas, deseos y aficiones; aprenden a cuidarse el uno al otro y a perdonarse mutuamente. En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida” (Ex. Apost. Amoris Laetitia, 68).
La pastoral familiar en nuestra arquidiócesis trabaja para recuperar la misión de la familia en la educación de la fe de los niños, adolescentes y jóvenes; y es un desafío permanente acompañar y dar seguimiento a los matrimonios, por lo que se requiere de una Pastoral Familiar «intensa y vigorosa» (Cfr. DA, 432-435; AL, 217-224.).
En las diferentes vicarías se verifican varios espacios donde la familia es evangelizada, se han desarrollado algunas reuniones para trabajar a nivel arquidiocesano mediante encuentros y talleres con familias, logrando conformar una pastoral familiar específica a nivel de Iglesia local. Hace cuatro años se realizó la Misión Familia, con encuentros de oración y formación en todas las parroquias, con la visita de la imagen de la Sagrada Familia de Nazareth, bendecida por el Papa Francisco para que recorra toda la arquidiócesis. Cuando bendijo la imagen nos recordó que nuestra misión era evangelizar y cuidar a las familias.
Hoy todos reconocen la grave crisis que acomete a la familia y que está en el origen de los males más profundos de la sociedad contemporánea. La familia, sostenida por la palabra de Dios y la Eucaristía dominical, se convierte en un lugar de comunión, donde encuentra el sentido y la alegría de su misión fundamental de transmitir la vida natural y la sobrenatural. La familia no puede delegar este deber fundamental a otros.
Durante la novena de Navidad, tan profundamente arraigada en nuestro pueblo, el Señor nos presenta una valiosa oportunidad para unir a las familias, rezar juntos y compartir momentos de diálogo y encuentro fraterno. Alrededor del Niño Jesús descubrimos que nuestra vocación en la familia es el amor que se entrega cada día en las acciones que realizamos.
Santa Familia de Nazaret, no dejes que existan en nuestras familias episodios de violencia, de cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado. Haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.


















































