Con la participación de 1650 catequistas delegados de todas las jurisdicciones eclesiásticas del Ecuador, concluyó en nuestra ciudad de Cuenca el XVII Encuentro Nacional de Catequistas. Este evento se realiza cada dos años en diferentes ciudades. Todos fueron recibidos por familias cuencanas que abrieron las puertas de sus casas para compartir su fe y la experiencia catequética de nuestra arquidiócesis. A este encuentro llegaron obispos, sacerdotes, religiosas y laicos, coordinadores de las delegaciones. Muchos hicieron un largo camino desde sus lugares de origen y, con grandes esfuerzos, arribaron a Cuenca.
La comisión arquidiocesana de catequesis trabajó incansablemente desde hace dos años para hacer realidad este evento eclesial de carácter nacional. Es justo reconocer su entrega y generosidad, su trabajo y sacrificio. Gracias a las parroquias de Cuenca, a los párrocos, a los movimientos eclesiales y a las familias que acogieron generosamente a los catequistas.
El Encuentro Nacional fue una manifestación de nuestra gratitud a los catequistas ecuatorianos, que entregan su vida al servicio de la misión de la Iglesia. Es nuestro compromiso ofrecerles todos los espacios necesarios para que tengan una formación seria y profunda, que les ayude a desarrollar su vocación y misión.
Las ponencias de cada día marcaron el ritmo del Encuentro, pues, se habló de metodología y pedagogía catequética, sínodo y Eucaristía, prevención de acoso y abuso sexual infantil; todo a la luz del magisterio de la Iglesia, especialmente de las enseñanzas del Papa Francisco, que constantemente nos invita a caminar juntos, a reconocer el papel activo de los laicos en la misión de la Iglesia y a hacer de Jesús nuestra única esperanza.
Esta experiencia de fe comunitaria terminó con la gran marcha de los catequistas por las calles de Cuenca, que tuvo como meta la catedral metropolitana de la Inmaculada Concepción, que acogió a los catequistas peregrinos, a los que se unieron los catequistas de nuestra arquidiócesis, las familias de Cuenca, siendo más de cinco mil los participantes. Con profunda alegría y la plena convicción de sentirse llamados y enviados, marcharon desde San Blas, a lo largo de la calle Bolívar, testimoniando así que los católicos ecuatorianos son una fuerza viva y dinámica en nuestro país, que debe ser escuchada y valorada.
Quienes dictan leyes y ejercen autoridad no pueden desconocer las exigencias del pueblo, que clama paz, justicia, trabajo, seguridad, salud y educación de los hijos, sin ideologías perversas, que buscan destruir la obra de Dios en la familia y en la sociedad.


















































