La evangelización es la misión que realiza la Iglesia para sembrar el Evangelio en el corazón de todas las personas. Es la comunicación de la Buena Noticia que nos trajo Jesús. La Iglesia realiza su labor misionera por medio de varias actividades. Tenemos que iniciar esta tarea presentando el mensaje evangélico. Tiene por objetivo llamar a la conversión a Cristo de quien no lo conoce. Es el kerigma de la Iglesia dirigido a los no cristianos y también a los bautizados que necesitan hacer una opción consciente por Cristo. Por medio de la catequesis se profundiza en el mensaje recibido para educar la fe.
En nuestras parroquias existen muchos catequistas, hombres y mujeres, que han sentido la llamada a compartir la fe que recibieron. Lo hacen formando a los niños y jóvenes que, después de una esmerada preparación, reciben los sacramentos de la iniciación cristiana. Especialmente en las comunidades que carecen de un sacerdote residente, los catequistas son los líderes de la comunidad católica local, evangelizando, convocando y guiando a sus hermanos católicos en la oración y las obras de caridad. La presencia de los catequistas debe ser un signo y un estímulo para que todos los católicos laicos reconozcan el compromiso misionero propio de todo bautizado.
Nadie puede permanecer inerte e insensible en la vida de la Iglesia. Dios nos ha encomendado a todos una misión. Se trata de un derecho y un deber al mismo tiempo; cada católico, cada hijo de la Iglesia puede y debe ser eficiente en el seno de esta gran familia. El apostolado laical tiene grandes consecuencias en cada persona, en el hogar, en las comunidades parroquiales, en la sociedad y en el mundo. Algunos no se involucran porque no quieren tener ninguna responsabilidad en la Iglesia, evitan tener responsabilidades.
Nuestra misión como discípulos de Jesús en medio del mundo, no se trata solo de enseñar la buena doctrina, es necesario el buen testimonio de vida cristiana. El testimonio es la transmisión del mensaje cristiano con el ejemplo, la palabra y las obras. El testimonio cristiano es el servicio a la verdad que Cristo ha dejado en el mundo para que sea conocida por todos.
El cristiano no solo debe creer, sino manifestarse, debe esforzarse por dar buen ejemplo, poniendo en práctica lo que cree. La vida verdaderamente cristiana es el primer testimonio que debemos dar. Es necesaria la coherencia de vida con Cristo, la práctica de la fe. Debe haber coherencia entre pensamiento y acción, fe y obras. A un cristiano se lo conoce en el desempeño de sus actividades ordinarias, más que escuchando sus discursos. El apostolado del ejemplo es obligatorio para todos, es preciso predicar con la sencillez, el silencio y el espíritu de servicio.
Todos hemos sido llamados a profesar la fe y ejercitar la caridad. Debemos trabajar por un mundo mejor. No podemos contentarnos con decir: no podemos hacer nada, el mundo siempre ha sido así: egoísta, injusto y violento. No podemos hacer nada porque somos débiles y el mal es mayor a nuestras fuerzas.
Los cristianos tenemos que revelarnos contra esta visión pesimista y la pereza que nos esclaviza. Quien confía en Dios ve que es posible el cambio, porque todo lo puede en Jesús que fortalece nuestra debilidad humana.


















































