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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

La Teología de la Prosperidad

La Teología de la Prosperidad


Estén atentos, porque su Iglesia es una Iglesia en prosperidad, es una gran Iglesia misionera, es una Iglesia grande. Que el diablo no siembre esta cizaña, esta tentación de quitar a los pobres de la estructura profética de la Iglesia, y les convierta en una Iglesia acomodada para acomodados, una Iglesia del bienestar… no digo hasta llegar a la teología de la prosperidad, no, sino de la mediocridad. (Papa Francisco, Corea 2014).
La teología de la prosperidad es una corriente teológica neo-pentecostal evangélica. El núcleo de esta teología es la convicción de que Dios quiere que sus fieles tengan una vida próspera, es decir, que sean económicamente ricos, físicamente sanos e individualmente felices. Este tipo de cristianismo coloca el bienestar del creyente en el centro de la oración y transforma a su Creador en aquel que hace realidad sus pensamientos y deseos.
El peligro de este pensamiento religioso, que pone en el centro al hombre y su bienestar, es el de transformar a Dios en un poder a nuestro servicio, a la Iglesia en un supermercado de la fe y la religión en un fenómeno utilitarista y eminentemente sensacionalista y pragmático.
La teología de la prosperidad cree que la opulencia y el bienestar son el verdadero signo de la predilección divina a conquistar mágicamente con la fe. Esta teología fue difundida en todo el mundo durante décadas —gracias a gigantescas campañas mediáticas— por movimientos y ministros evangélicos.
En América Latina, la difusión y la propagación de esta teología se dio de manera exponencial desde 1980. Este fenómeno religioso se traduce desde el punto de vista mediático en el uso de la televisión y redes sociales por parte de figuras carismáticas de algunos pastores, que lanzan un mensaje simple y directo montado en torno a un espectáculo de música y de testimonios y a una lectura fundamentalista y pragmática de la Biblia.
Los pilares del evangelio de la prosperidad son sustancialmente dos: el bienestar económico y la salud. Esta acentuación es fruto de una exégesis literal de algunos textos bíblicos. Al Espíritu Santo se lo reduce a un poder al servicio del bienestar individual. Jesucristo ha abandonado su papel de Señor para transformarse en un deudor de cada una de sus palabras. El Padre ha sido reducido a una especie de botones cósmicos (empleado) que se ocupa de las necesidades y de los deseos de sus criaturas.
En definitiva, aquí se habla de un dios concebido a imagen y semejanza de la gente y de su realidad, y no según el modelo bíblico. En algunas sociedades en las que se ha establecido una coincidencia entre la meritocracia y el nivel socioeconómico sin tener en cuenta las enormes diferencias de oportunidades, este evangelio, con su acento en la fe como mérito para ascender en la escala social, resulta injusto y radicalmente antievangélico (Cf. Revista Jesuita Civiltá Cattolica, 04.2022).
Analizando esta corriente religiosa, descubrimos que, en definitiva, no se predica el Evangelio de Jesucristo, que nos llama a la conversión y a solidarizarnos con nuestros hermanos, sino que se exalta el bienestar individual, la abundancia y el derroche. Es idolatría del dinero, el placer y el poder. Han olvidado que Jesús proclamó dichosos a los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos.

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