La Cuaresma es el periodo de preparación para la Pascua de Resurrección, semanas centradas en la oración, la limosna y el ayuno. Jesús nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. La Cuaresma nos lleva a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente desde lo alto, desde el amor de Dios. Por esto es que la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza.
Con la pandemia y los confinamientos por el coronavirus, esta Cuaresma forzosamente será distinta, con mayor austeridad y dificultades. Estos 40 días de reflexión que hemos iniciado son también para todos nosotros una salida de la esclavitud del pecado a la libertad, al encuentro de Cristo Resucitado. Cada paso, fatiga, prueba, caída, todo tiene sentido solo dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.
Para vivir plenamente esta Cuaresma en medio de la pandemia, debemos tener presente que no estamos solos, el Señor camina con su pueblo. Para fortalecer nuestra fe y esperanza, no podemos, pues, olvidar las prácticas de piedad propias de este tiempo:
Rezar cada día por difuntos, enfermos y necesitados. Además, es nuestro deber y obligación como cristianos. Esta oración es necesaria para pedir por el reposo eterno de los fallecidos y también para recordar a los que están enfermos, a los que viven con miedo y a los trabajadores de la salud.
Vivir las obras de misericordia. En su mensaje para la Cuaresma, el Papa Francisco ha invitado a practicar las obras de misericordia con los que sufren, pidiendo que seamos generosos, ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno, busquemos a las personas que están más solas.
No dejar la lectura diaria del Evangelio y la meditación. Estas nos ayudarán a organizar y vivir mejor la Cuaresma y Semana Santa. Seguir el ritmo litúrgico nos ayudará a no perder de vista nuestra meta: la Pascua del Señor.
Dejarnos transformar de verdad por la gracia de Dios. Un profundo examen de conciencia nos ayudará a hacer una buena confesión. Debemos aprovechar la situación actual para vivir la transformación interior a la que todos estamos llamados durante la Cuaresma.
Rezar en familia. De las numerosas oraciones que se pueden rezar en Cuaresma y durante la Semana Santa, es tradicional el Vía Crucis, especialmente en tiempos de dolor y sufrimiento.
Pedir esperanza y ofrecerla a los demás. El estallido de la pandemia nos ha llevado a fortalecer la esperanza en la providencia de Dios frente a tanta incertidumbre. Ha crecido en nuestro interior un sentido renovado de dependencia del poder sanador de Dios en el mundo.
Una vez recuperada esta esperanza, el Papa Francisco nos llama a transmitirla. “Para dar esperanza es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, regalar una sonrisa, o decir una palabra que estimule”. Que acojamos con fe estos mensajes y nos acerquemos más a Dios en esta Cuaresma.


















































