Hemos iniciado nuestra preparación para celebrar el gran misterio de nuestra redención: la muerte y resurrección de Cristo, fundamento de la vida cristiana. Los signos cuaresmales, como la ceniza, nos recuerdan nuestra fragilidad humana y la necesidad de acudir al amor misericordioso de Dios.
En Cuaresma se nos invita a escuchar con fe la Buena Nueva. Es una llamada a entrar en diálogo sincero y fecundo con nuestro Padre que nos ama. Cuando no escuchamos a Dios nos hundimos en el abismo de la oscuridad, nuestra vida no tiene sentido, no sabemos por dónde caminar. Caemos en la charlatanería, en la curiosidad vacía y superficial.
¿Qué debemos hacer para que en este tiempo el diálogo con Dios sea verdadero y fecundo?
Contemplar a Jesús: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (Christus vivit n. 123). Confesión es liberación, es dejarse abrazar por el Padre bueno que quiere perdonar y no condenar al hijo arrepentido.
No descuidar la oración: Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal: es una necesidad. Dios quiere penetrar la dureza de nuestro corazón para llenarlo de amor. Hay distintas formas de oración, pero lo importante es hacerlo. Podemos hacer la lectura orante de la Palabra de Dios, rezar el Vía Crucis en familia, hacer un buen examen de conciencia que nos prepare a la confesión, rezar el Rosario, leer un libro religioso formativo, etc.
Aprovechar el tiempo: No dejemos pasar este tiempo de gracia, con la ilusión de que somos nosotros quienes decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión; mañana puede ser muy tarde. El tiempo es un regalo de Dios y debemos utilizarlo trabajando con responsabilidad y ofreciendo al Señor nuestras labores diarias.
Compadecerse del hermano y compartir: “Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presente en las víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed de ganancias, que es una forma de idolatría” (Papa Francisco, Mensaje de Cuaresma 2020). La limosna en cuaresma es invitación a compartir con aquellos que carecen de lo básico para vivir con dignidad, sin descuidarnos de las personas afectadas por el coronavirus y de sus familiares. En ellos está Jesús crucificado. El egoísmo embrutece, compartir nos hace más humanos.
El camino cuaresmal es una invitación afectuosa a cultivar una relación personal, íntima y plenamente filial con el Padre de Jesús, con nuestro Padre.
Aprovechemos la Cuaresma para que lleguemos a vivir plenamente la Pascua como liberación y transformación de nuestras vidas.


















































