El Papa Francisco, pidió hacer oraciones y una pronta intervención de los gobiernos del mundo.
La Carta Encíclica “Laudato Si” expresa que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: ‘Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre’”. (N° 48)
El gran incendio en la Amazonía nos afecta a todos, pues es el extenso pulmón vital del planeta. Ante esta dolorosa situación, el Papa Francisco ha pedido oraciones y la pronta intervención de los gobiernos del mundo. La triste noticia nos ha impactado y generado mayor apoyo a la iniciativa eclesial de celebrar un Sínodo para la Amazonía, convocado para el mes de octubre. La Amazonía es una importante fuente de oxígeno para toda la tierra, donde se concentran más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, que contiene el 20% del agua dulce no congelada.
En el Instrumento de Trabajo preparatorio al Sínodo, se nos invita a ver y escuchar la voz de la Amazonía, escuchar el clamor de la tierra y de los pobres. Podemos ver la Amazonía como un lugar turístico, folclórico o comercial, como ciertos grupos políticos, las multinacionales o empresas extractivistas, que solo buscan aprovecharse del lugar. Nosotros queremos verla como obra de Dios, queremos escuchar a Dios a través del clamor del pueblo amazónico. Descubrimos, con dolor, que es un pueblo amenazado de muerte, explotado por concesiones madereras, megaproyectos hidroeléctricos, petroleros, mineros y de monocultivos, por carreteras y ferrovías, con contaminación de ríos, caza y pesca predatorias, narcotráfico, un pueblo expulsado de su territorio, donde se pierden las culturas originarias, se asesina a sus líderes y defensores del pueblo. Nunca el pueblo amazónico había estado tan amenazado como ahora.
Solamente escuchando el clamor del pueblo amazónico podremos denunciar proféticamente la injusticia de los poderosos y buscar una conversión ecológica integral de la sociedad y de la Iglesia, edificar una Iglesia de rostro amazónico, salvar la Amazonía y el planeta tierra. Solo entonces podremos promover una conciencia ecológica integral, defender los derechos del pueblo y salvar el planeta tierra, que es nuestra casa común.
Entendemos ahora por qué el Papa ha decidido realizar un Sínodo especial para la Amazonía, que se realizará en Roma, del 6 al 27 de octubre. Su objetivo será identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, frecuentemente olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno. Unámonos a la iniciativa evangelizadora del Santo Padre y oremos por los buenos frutos de este encuentro eclesial.


















































