El 20 de mayo recibimos en Cuenca la feliz noticia del nombramiento y el 6 de julio se realizó la solemne consagración episcopal de Monseñor José Bolívar Piedra Aguirre, como Obispo Auxiliar de Cuenca.
Como Arzobispo de Cuenca, expreso mi profunda gratitud a Su Santidad el Papa Francisco por haber atendido nuestra humilde petición, considerando el estado actual de Cuenca, su notable crecimiento poblacional y las múltiples necesidades pastorales que debemos atender para hacer realidad las opciones enunciadas en el actual Plan Pastoral 2018-2028: Evangelización, profetismo y misión; pobres y periferias existenciales; familia y vida; ecología integral. El Obispo Auxiliar es el primer colaborador del Arzobispo en la reorganización pastoral de la arquidiócesis, que cuenta con unos 800 mil habitantes aproximadamente, y es también su tarea apoyar de forma decidida el proceso de formación permanente del clero y de los laicos.
Agradezco de corazón a Monseñor José Bolívar por haber aceptado generosamente y con humildad esta misión que le ha confiado el Papa Francisco. Como bien lo conocemos en nuestra provincia, Monseñor José Bolívar es un sacerdote de nuestro clero diocesano, muy querido y estimado por todos, su nombramiento nos llena de alegría y será un gran impulso para seguir trabajando en la misión permanente. Consideramos este nombramiento como un precioso regalo de Dios, precisamente en este tiempo en que Cuenca celebra su año jubilar de los 250 años de creación como la segunda Diócesis del Ecuador.
La solemne ceremonia de su consagración episcopal contó con la presencia del Señor Nuncio Apostólico en el Ecuador, Monseñor Andrés Carrascosa, y de varios obispos del Ecuador, y se realizó el sábado 6 de julio, a las 10:00, en la Catedral de la Inmaculada de Cuenca.
Hablando a los obispos recién ordenados, el Papa Francisco les decía: “En cuanto a ustedes, hermanos queridos, elegidos por el Señor, piensen que han sido elegidos entre los hombres y para los hombres, han sido constituidos en las cosas que se refieren a Dios. No para otras cosas. No para los negocios, no para la mundanidad, no para la política. «Episcopado», en efecto, es el nombre de un servicio, no de un honor. Porque al obispo le compete más servir que dominar, según el mandamiento del Maestro: “El mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve”. Huyan de la tentación de convertirse en príncipes.
Anuncien la Palabra en toda ocasión: a tiempo y a destiempo. Adviertan, reprochen, exhorten, con toda magnanimidad y doctrina. Sean hombres de oración.
Sigan siempre el ejemplo del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas, ellas le conocen y por ellas no dudó en dar la vida”.
Recemos para que estas palabras se hagan realidad en la vida de nuestros obispos.


















































