Jesucristo no solo se declara luz, guía y camino para sus discípulos, sino que también dice: “Ustedes son la luz del mundo, alumbren con sus buenas obras”, no con la vanidad o con gran elocuencia. A Dios no lo podemos engañar, al pueblo sencillo tampoco, porque fácilmente descubre quienes dicen mentiras y manipulan, quienes son luz y quienes son tinieblas.
Creer en Cristo es más que una declaración externa, es más que un acto esporádico de piedad; es unirse a su persona, es entregarse y confiar totalmente en Dios. Quien cree que Cristo es luz del mundo predica el Evangelio y no se predica a sí mismo, es fiel a la misión de servicio a todos sin esperar recompensa.
Las enseñanzas del Señor son para todos, no solo para los sacerdotes y las monjitas de claustro, están dirigidas a todo servidor del pueblo. Por eso, ser un servidor público es sinónimo de honestidad y no de corrupción.
El Papa Francisco nos decía en la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá (enero 2019) que “Nuestro pueblo exige a quienes gobiernan, llevar una vida conforme a la dignidad y autoridad que revisten y que les ha sido confiada”.
Los jóvenes de hoy reclaman de todos, “la osadía de construir ‘una política auténticamente humana’ que ponga a la persona en el centro como corazón de todo”. Tenemos que crear una cultura de mayor transparencia entre todos para crear un clima de verdadera confianza y fraternidad.
Es imposible pensar el futuro de una ciudad sin la participación activa –y no solo nominal– de cada uno de sus ciudadanos. Todos tenemos derechos y deberes que cumplir, así demostramos el verdadero amor a Cuenca. Trabajemos para que la dignidad de todos se vea reconocida y garantizada, sobre todo la de los más pobres.
No podemos conformarnos con la realidad social actual, llena de violencia, miseria e injusticia. Otro mundo es posible, el pueblo que ha puesto su confianza en las nuevas autoridades, los niños y los jóvenes nos invitan a involucrarnos en su construcción para que los sueños no sean fugaces, para que impulsemos un diálogo nacional en el que todos puedan tener la oportunidad de soñar con un mañana mejor, donde se respete el derecho a la vida, al trabajo digno, a formar una familia estable, a la educación para todos, a la seguridad, para vivir como verdaderos hermanos y amigos y no como enemigos, desconfiando unos de otros.
Queridas autoridades de Cuenca, en la reciente Asamblea General de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, los obispos manifestamos que necesitamos una nueva forma de hacer política que, más allá de intereses particulares, busque el bien común y promueva un gran pacto nacional al servicio de los ciudadanos. Esta es la propuesta que hoy también les hacemos. Dialoguemos y promovamos el buen servicio a los cuencanos. Comprometámonos todos a trabajar con honestidad para erradicar la corrupción.
Con la gracia de Dios, cumplan lo que han prometido en campaña y nunca prometan lo que no pueden hacer. Con la protección de María, sean luz en nuestro pueblo, sin olvidar que gobernar es servir con alegría.


















































