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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

El Papa Francisco habla siempre de los pobres, nunca los olvida porque ellos están en el centro de la predicación de Jesús y en el corazón de la Iglesia. Jamás los utiliza de manera demagógica para adornar sus discursos y ganar aplausos. Los poderosos de este mundo lo critican porque les molesta su condena directa al egoísmo de nuestra sociedad, que descarta a los pobres y es insensible ante el sufrimiento de los inocentes. Pero el Papa no solo defiende a los pobres con palabras valientes sino también con su estilo de vida sobrio y sencillo. Además, desde que inició su pontificado, ha tenido gestos de mucha cercanía y afecto con ellos, entre los que podemos destacar la decisión de celebrar la Jornada Mundial de los Pobres, el domingo anterior a la solemnidad de Cristo Rey del Universo.

Con esta iniciativa el Santo Padre espera que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Invitándonos a mantener, en esta Jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad.

Esta Jornada tiene como objetivo estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad.

Con estos gestos debemos convencernos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

El 21 de noviembre del año anterior se cerró simbólicamente la Puerta de la Misericordia, pero, según afirmó el Papa Francisco, quedó abierta la puerta de cada corazón para acoger al hermano pobre y desamparado. Solo el corazón que ha experimentado la misericordia de Dios puede acercarse sin prejuicios a los demás y descubrir en ellos el rostro de Dios. “El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres” (Papa Francisco).

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