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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

EL PASE DEL NIÑO: PATRIMONIO DE FE

EL PASE DEL NIÑO: PATRIMONIO DE FE

En diciembre nuestra ciudad celebra una fiesta de fe, de encuentro familiar y profunda alegría. “El Pase del Niño Jesús Viajero” congrega a miles de personas que llenan las calles de Cuenca para presenciar el paso de una pequeña imagen que despierta profundos sentimientos de piedad y gozo, porque el pueblo reconoce en ella un signo de la cercanía de Dios, de Aquel que se hizo hombre para caminar con nosotros.

Es precisamente la gente sencilla la que descubre el poder de Dios en la pequeñez del Niño de Belén, en el Hijo de María y del carpintero de Nazaret. La fe nos impulsa a glorificar a Dios con cantos, danzas, alegorías, color y generosas ofrendas. Es la alegría de la fe la que mueve a los padres a vestir a sus hijos con trajes multicolores y a recrear las escenas bíblicas de nuestra salvación. Es la misma fe católica que recibimos de nuestros mayores, manifestada con elementos culturales y folclóricos propios de nuestra tierra morlaca.

Así reconocemos que el Pase del Niño Viajero es, ante todo, Patrimonio de Fe de los cuencanos, testimonio de auténtica piedad popular que nuestra ciudad ofrece al Ecuador y al mundo.

Cuidemos este tesoro para que siga manteniendo su esencial significado religioso, participemos en el Pase del Niño con alegría y sencillez, haciéndonos niños con el Niño, verdaderos hermanos que saben ofrecer lo mejor que tienen: el tesoro de su fe.

Si vivimos el Pase del Niño como fiesta de fe, como momento de evangelización, nuestro mensaje navideño no puede ser de tristeza y desolación, debe ser de alegría porque nace el Salvador que viene a destruir el poder del mal con la fuerza del amor. Nace el que fue anunciado a los pastores como Buena Nueva para los pobres, por eso no dudaron en acercarse al Niño para presentarle sus dones.

Es el mismo Niño de Belén el que se hace presente en nuestra vida familiar y social para reconciliarnos con Dios y fortalecer nuestra fraternidad, para decirnos que el verdadero gozo navideño está en el compartir generoso y sincero con los demás.

Si lo recibimos con fe debemos descubrirlo cada día en tantos niños necesitados de amor y en las familias carentes de pan. El Niño pasa todo el año junto a nosotros y muchas veces el egoísmo no nos deja verlo, tocarlo y servirlo.

Que el Señor abra nuestros corazones para descubrirlo hecho carne en aquellos que pasan a nuestro lado y comparten nuestra historia.

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