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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

GRATITUD

GRATITUD

Al concluir una etapa de mi estadía en esta hermosa ciudad de Cuenca, deseo expresar desde este espacio mi más profunda, sentida y sincera gratitud a todos y cada uno de ustedes.

Mi gratitud a este prestigioso y pujante diario por haberme abierto las puertas desde el primer momento que llegué a esta ciudad, la “Atenas del Ecuador”, la cuna del pensamiento en todos sus aspectos. Son 7 años ininterrumpidos de publicaciones en los que he compartido diversos artículos de carácter religioso, ético y social, entre otros, centrado en el marco de la libertad de pensamiento y expresión y ceñido a los parámetros de la verdad científica y del respeto a los derechos fundamentales del ser humano en sus dimensiones personal, social y política. Mi sincera felicitación a este medio de comunicación por mantener estos espacios siempre abiertos a todas las corrientes de pensamiento.

Mis sentimientos de agradecimiento a todos los asiduos lectores. Su acogida a mis mensajes y sus comentarios claros, directos y oportunos me ayudaron a ir, poco a poco, aprendiendo el exigente arte de escribir de una forma sencilla y precisa. De este modo he podido expresar mi pensamiento personal como también el de la Iglesia Católica, comprometidos con las grandes causas de la vida, la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad. Un pensamiento que jamás tuvo la pretensión de imponerse a nadie, sino tan solo de ofrecer una visión cristiana de la vida, a la luz del Evangelio y de la milenaria reflexión.

Mi gratitud para todos los colegas y amigos de estas columnas. Su presencia y su pensamiento analítico y crítico han sido muy significativos en mi diario caminar. Sus diversas posiciones ante la realidad me han ayudado a conocer, valorar y respetar la diversidad y pluralidad de opiniones en este camino infatigable de búsqueda de la verdad en todos los campos de la existencia.

La vida, como bien sabemos, es como un camino lleno de etapas. Una etapa se cierra y otra se abre. Una etapa llena de historias y experiencias y otra henchida de esperanzas y desafíos. Un camino que nos permite compartir los más nobles sentimientos de afecto y aprecio y que hace posible el diálogo para seguir construyendo el anhelado mundo familiar y social, donde cada uno tiene un sitio importante sin el temor de ser excluido por posición alguna.

Gracias de corazón a todos ustedes por su cercanía y amistad; gracias por mantener encendido el fuego del amor en sus vidas, por la luz inextinguible de la verdad que guía sus pasos y por la tenacidad y la pasión que ponen en todo lo que dicen y hacen. Hasta pronto, amigos.

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