“La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica”, es el título del mensaje en la Jornada de Oración por la Paz que nos dirigió el Papa Francisco el 1 de enero de 2020. Desde San Pablo VI los Pontífices han dado especial importancia a esta Jornada Mundial, entregando un mensaje de paz y reconciliación.
En el mensaje de este año, el Papa hace algunas afirmaciones para nuestra reflexión personal y familiar:
• No hay paz sin esperanza. Esperar la paz es una actitud existencial. La esperanza nos pone en camino, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables. La esperanza no depende de los talentos y dones que uno tiene, de la salud física o del éxito en la vida. Proviene de otro, de uno que está más allá de nosotros: viene de Dios, de nuestra fe en Él. Quienes tienen esperanza creen que Dios los creó para algo y que Él proveerá cuanto necesitan; son los que creen que Dios los ama como Padre fiel.
• No hay paz sin reconciliación. El perdón aumenta nuestra capacidad de convertirnos en hombres y mujeres de paz. Mientras el mundo pregona la violencia y la venganza como caminos de realización, la Iglesia manifiesta, como Jesús, que solo son dichosos los que siembran la paz y saben perdonar de corazón.
• No hay paz sin compromiso ecológico. “El maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado” no son actitudes pacificadoras. Ante la falta de respeto por la casa común y la explotación abusiva de los recursos naturales, necesitamos una conversión ecológica.
La conversión ecológica nos lleva a tener una mirada positiva sobre la vida, sin olvidar la alegre sobriedad de compartir y proteger. Todo defensor del medio ambiente debe comprometerse a proteger la vida en todas sus manifestaciones: la vida de los niños, de los enfermos y ancianos. Defender a los animales y especies en extinción y declararse a favor del aborto es una contradicción. La Encíclica Laudato Si nos dice que “es preocupante que algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, pero no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos” (n. 136). El verdadero ecologismo es contrario al aborto: “tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto” (n. 120). El verdadero ecologismo defiende a la persona humana. “No puede ser real la unión con los demás seres de la naturaleza si en el corazón no hay ternura por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales, pero se empeña en destruir otro ser humano” (n. 91). El verdadero ecologismo procura el bien de los más postergados, débiles, frágiles: “debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos de los más postergados” (n. 93), que están fundamentados en el derecho a la vida.
• No hay paz sin paciencia. El camino de la reconciliación requiere paciencia y confianza. La paz no se logra si no se la espera, dice Francisco. Nuestra relación con el hermano no puede basarse en la amenaza, ira o impaciencia. En nuestra familia, cada encuentro debe valorarse como un don del generoso amor de Dios. Nuestro Padre con su acogida paciente y misericordiosa, nos impulsa a vivir la fraternidad universal.


















































