¿Cómo presentar al pueblo de Dios las verdades de la fe católica? ¿Cómo debe el sacerdote, religioso o catequista hablar de Dios a los hombres y mujeres de hoy? No depende solo del vasto conocimiento que el evangelizador debe tener. Hoy necesitamos testigos de la fe y no teóricos, ejemplos y no solo palabras. Para transmitir la fe y entusiasmar a quienes escuchan es necesaria la oración humilde y constante, estar abiertos a la acción del Espíritu Santo y hacer la voluntad del Padre. Quien habla de Jesucristo debe sentir con la Iglesia y ser fiel a su magisterio. Está llamado a buscar la verdad en la fraternidad de la comunidad y no de forma individual. Difundiendo el buen sabor del Evangelio, se convierte en servidor de todos con respeto y afecto sincero.
El teólogo, dice el Papa Francisco, debe ofrecer el sólido alimento de la fe, no alimentar al pueblo de Dios con cuestiones controvertidas y nunca llevarlo a la confusión, porque entonces el pueblo pierde su orientación y pierde la fe. Al pueblo debe darle siempre el alimento sólido que nutre la fe (Cf. Discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 30.11.2019).
Enseñanza que vale también para todos, especialmente para los sacerdotes y demás agentes de evangelización, pues jamás debemos enseñar verdades a medias y mucho menos cuestionar o negar lo que la Iglesia nos ha enseñado en dos mil años de caminar con Jesús. Entre los abusos que escandalizan al pueblo, uno de los más frecuentes es el abuso doctrinal.
El mismo Papa nos decía que la doctrina cristiana tiene rostro, tiene cuerpo, tiene carne, se llama Jesucristo y es su Vida la que es ofrecida de generación en generación a todos los hombres y en todos los rincones. Cuando no tenemos a Jesucristo en el corazón, terminamos promocionando nuestros razonamientos, que muchas veces desfiguran la verdad y decepcionan a quienes tienen sed de verdad y justicia. Custodiar la doctrina exige fidelidad a lo recibido y –a la vez– tener en cuenta al interlocutor, su destinatario, conocerlo y amarlo. Nuestro Dios ha elegido este camino. Él se ha encarnado en este mundo, ha atravesado por conflictos, injusticias, violencias; por esperanzas y sueños. Las personas y sus distintas conflictividades, las periferias, no son opcionales, sino necesarias para una mayor comprensión de la fe. Por eso es importante preguntar, ¿para quién estamos pensando cuando enseñamos teología? ¿A qué personas tenemos delante cuando catequizamos? Sin el encuentro con la familia, con el Pueblo de Dios, es cuando la teología corre el gran riesgo de volverse ideología (Cf. Discurso a la UCA, 5.09. 2015).
Una Iglesia que no catequiza bien no tiene futuro. Tenemos que proclamar la verdad que libera de toda atadura, así nacerá en el pueblo de Dios la disponibilidad al servicio de Cristo y de los hermanos. Impulsemos una catequesis que alcance a todos, adaptada a los niños, jóvenes y adultos, especialmente a las familias, con buena pedagogía, usando los recursos que pone la tecnología en nuestras manos, pero siempre con respeto y fidelidad a la doctrina de la Iglesia.


















































