El Sínodo para la Amazonía nos invita a buscar nuevos caminos pastorales para la evangelización, no solo de la Amazonía sino del mundo entero.
El anuncio de Jesucristo hoy exige una Iglesia acogedora y misionera, fiel, misericordiosa y convencida de lo que predica. En el diálogo con las culturas, la Iglesia encuentra nuevos caminos para hacer presente al Resucitado, hace propia la opción preferencial por los pobres y por el cuidado de la creación.
La Iglesia tiene la misión de evangelizar, la cual implica al mismo tiempo comprometerse para promover el cumplimiento de los derechos de los pueblos. La Iglesia no puede dejar de preocuparse por la salvación integral de la persona humana, hablar de sus exigencias vitales, acompañar los movimientos y reunir fuerzas para luchar por sus derechos.
La Iglesia debe escuchar el clamor de los pobres. Al escuchar el dolor, el silencio se hace necesidad para poder oír la voz del Espíritu de Dios. La voz profética implica una nueva mirada contemplativa capaz de misericordia y compromiso. Pero también significa ver con conciencia crítica una serie de conductas y realidades de las culturas actuales que van contra el Evangelio. Debemos ser aliados de los pobres, rechazando toda manifestación de abuso, corrupción, colonización ideológica y atentados contra la vida.
Evangelizar hoy significa plantear proféticamente el problema del poder, porque en muchos lugares la gente no tiene posibilidad de hacer valer sus derechos frente a grandes corporaciones económicas e instituciones políticas. Hoy en día, cuestionar el poder en la defensa del territorio y de los derechos humanos es arriesgar la vida, abriendo un camino de cruz y martirio.
Debemos, pues, según nos recuerda el Instrumento Preparatorio para el Sínodo amazónico:
Iniciar un verdadero proceso de conversión personal, comunitaria y ecológica. Levantar la voz frente a proyectos que afectan al medio ambiente y promueven la muerte.
Promover la formación, defensa y exigibilidad de los derechos humanos de los pueblos, sobre todo de los más débiles y necesitados.
Escuchar el grito de la tierra agredida y gravemente herida por el modelo económico de desarrollo depredador y ecocida, que mata y saquea, destruye, expulsa y descarta a los pobres.
Promover la dignidad e igualdad de toda persona, especialmente de la mujer, los ancianos y los niños. Combatir la violencia física, doméstica y psicológica, el femicidio, el aborto, la explotación sexual y la trata, comprometiéndonos a luchar para garantizar sus derechos y para superar cualquier clase de discriminación.
Promover una nueva conciencia ecológica, que nos lleve a cambiar nuestros hábitos de consumo, a impulsar el uso de energías renovables, evitando materiales dañinos e implementando otros itinerarios de acción conforme a la Encíclica Laudato sí. Promover alianzas para combatir la deforestación e impulsar la reforestación.


















































