La Arquidiócesis de Cuenca ha celebrado el sábado 4 de mayo la fiesta de la Iglesia, motivada por la conmemoración de los 250 años de creación de la Diócesis de Cuenca, erigida canónicamente el 16 de enero de 1769, fecha oficial según el Anuario Pontificio.
Hemos participado en una solemne Misa de Acción de Gracias, presidida por el Señor Nuncio Apostólico, Mons. Andrés Carrascosa, con la presencia de delegaciones de nuestras parroquias eclesiásticas y fieles de varias partes del país, que se dieron cita en nuestra ciudad.
Más que recordar fechas, la Iglesia celebra los acontecimientos que han marcado la vida de nuestro pueblo. Por eso creemos que la creación de la segunda jurisdicción eclesiástica en el Ecuador es motivo más que suficiente para celebrar, agradecer y proyectarnos al futuro como Iglesia peregrina y misionera, servidora de la comunidad. Nuestra celebración ha sido también ocasión para pedir perdón a Dios y al pueblo porque no siempre hemos cumplido a cabalidad con la tarea que el Señor ha puesto en nuestras manos.
Nuestro pueblo sencillo espera una predicación íntegra de la fe, sembrada con generosidad, a manos llenas, en el terreno fértil de corazones sencillos y acogedores, de una piedad popular eucarística y mariana, que necesita siempre ser valorada y evangelizada.
La realidad que atraviesa nuestro pueblo azuayo, con sus luces y sombras, nos impulsa a intensificar la siembra de la Buena Noticia. “Nuestro pueblo pide razones para creer y para esperar, motivos para amar y para construir, que solo pueden venir de Cristo y de la Iglesia” (San Juan Pablo II). Los fieles laicos esperan el testimonio de sus pastores y el buen ejemplo de sus agentes de evangelización.
No defraudemos a los pobres que nos piden el pan de la Palabra, el alimento de una fe sólida e íntegra, no otras predicaciones o ideologías que desfiguran el mensaje de Cristo. Este es el compromiso de todos.
Quiero destacar y agradecer la participación de los movimientos apostólicos y comisiones pastorales en la organización y realización del evento. Es admirable el trabajo de los laicos, siempre desinteresado y realizado con amor. La multitudinaria participación en la misa del sábado 4, en el estadio Alejandro Serrano, se consiguió gracias a la acción efectiva de sacerdotes, comunidades parroquiales, comisiones y movimientos laicales. Tuvimos la oportunidad de contemplar la acción efectiva de una Iglesia viva, comprometida con el pueblo, con rostro de servicio y misericordia.
Agradezco la gran cobertura que los medios de comunicación brindaron a este acto religioso y pido al Señor los bendiga y acompañe en la ardua tarea de comunicar las noticias con objetividad, siempre apegados a la verdad.
En unión con María, nuestra Madre, debemos hacer presente el rostro misericordioso de Dios, llevar a las periferias existenciales el abrazo del Padre misericordioso que acoge y perdona.


















































