Después de un año de intenso trabajo, diálogo y oración, hemos presentado el sábado 30 de junio el nuevo Plan Pastoral, que recoge el caminar de nuestra Iglesia local para los próximos diez años. Agradezco a los sacerdotes, religiosos y laicos que participaron en el Consejo de Pastoral Arquidiocesano, todos colaboraron activamente y aportaron con su experiencia para hacer realidad este documento eminentemente pastoral.
El Plan Pastoral es un instrumento al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, para orientar la acción pastoral de la comunidad arquidiocesana. El Plan Pastoral manifiesta la comunión de la Iglesia y facilita su misión en el mundo.
El Espíritu Santo nos impulsa a trabajar y caminar unidos, coordinando y compartiendo criterios, planteamientos y acciones. De ello, resultará una pastoral de conjunto, orgánica y vertebrada, realizada por todos y desde todas las comisiones y organismos pastorales, cada uno con su especificidad. Estamos convencidos que este proceso es del Espíritu Santo, principio de amor y de comunión, alma de la Iglesia, que la vitaliza, renueva y sostiene en su acción evangelizadora.
En el Año de la Misericordia el Papa Francisco nos recordó que vivimos en un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente lo que a Dios más le gusta: “perdonar a sus hijos, tener misericordia con ellos, a fin de que puedan a su vez perdonar a sus hermanos”. Esta misericordia tenemos que vivirla cumpliendo una triple tarea: signos visibles de misericordia; dirigir la mirada a Dios, Padre misericordioso y a los hermanos necesitados de misericordia; y volver al contenido esencial del Evangelio, para poner en el centro a Jesucristo. Estos tres objetivos podemos decir que están plasmados en este nuevo Plan Pastoral, pues la evangelización es la mejor demostración de amor hacia los hermanos sedientos de Dios. La mayor pobreza de un hombre es vivir sin Dios y desconocer su misericordia.
Ante la realidad actual con sus luces y sombras, nuestra tarea es poner a Cristo en el centro, mostrar la cercanía de Dios por medio de signos concretos que respondan a las reales necesidades pastorales de nuestro pueblo. Así lo queremos hacer, por medio de la organización de comisiones pastorales, con objetivos definidos y actividades muy concretas.
Aspiramos fortalecer una Iglesia misionera, servidora del pueblo. Iglesia en salida, en estado permanente de misión, para compartir con todos el gozo del Evangelio. Para conseguir este fin debemos mirar la realidad con objetividad, con los ojos de Jesús, con su misericordia.
La salida a la crisis de fe y costumbres está en una profunda llamada a la conversión, en primer lugar, de los pastores y agentes de evangelización. No apuntamos solo a un cambio de métodos sino de actitudes. Las dificultades que se presentan son oportunidades para un mayor vigor apostólico y proponer la belleza del amor misericordioso de Cristo.


















































