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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

LA PAZ DE DIOS

LA PAZ DE DIOS

“La paz les dejo, mi paz les doy, no como la da el mundo” (Juan 14,27). Durante la visita de las reliquias del Beato Oscar Romero a Cuenca hemos resaltado su trabajo por la paz y la justicia. Fue profeta porque habló en nombre de Dios y defendió a los pobres. Buscó instaurar la paz de Dios en un país donde la división, la violencia y el odio eran el distintivo. Al sentirnos hoy atormentados por tanta violencia, nos preguntamos: ¿Qué paz predicó Romero? ¿En qué basó su mensaje? Su secreto fue Jesús.

“La paz les dejo, mi paz les doy, no como la da el mundo”. Jesús nos hace este hermoso regalo porque la verdadera paz es uno de los frutos del Espíritu Santo. La paz que nos da Cristo resucitado es reconciliación con Dios y con los demás. Solamente Él puede darnos esa serenidad que nace de la aceptación amorosa y sincera del prójimo, con sus virtudes y defectos.

La paz de Dios trasciende por completo la del mundo, que puede ser superficial y aparente. No la da el dinero, ni el poder o las leyes que denigran a la persona. No la encontramos en nuestro mundo consumista, ni en las ideas que reducen el ser humano a un cúmulo de vicios, a los que debemos dar riendas sueltas para alcanzar la felicidad.

La paz de Dios comienza en la familia, cuando educamos a los hijos en la verdad, la justicia y el respeto al otro. Cuando cumplimos nuestros deberes y no solo reclamamos nuestros derechos. Una vida familiar llena de fe nos capacita para ser, con la fuerza del Espíritu Santo, auténticos mensajeros de la paz.

Los padres de familia que educan a sus hijos según sus convicciones cristianas están sembrando la paz. Son muchas las virtudes que se cultivan en el hogar, siendo los padres los grandes maestros de esta ciencia; pero para que puedan enseñar a sus hijos, primero ellos tienen que vivir en paz y cultivar la virtud. Por lo tanto, no renuncien a la misión que el Señor les ha dado, porque Él confía en ustedes, cuenta con ustedes y les da la gracia para que vivan a plenitud su vocación.

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