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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

El Papa Francisco, hablando espontáneamente a los sacerdotes y religiosos en el Santuario de El Quinche, refiriéndose a la piedad del pueblo ecuatoriano, dijo: “Todo esto de riqueza que tienen ustedes, de riqueza espiritual, de piedad, de profundidad, viene de haber tenido la valentía –porque fueron momentos muy difíciles–, la valentía de consagrar la nación al Corazón de Cristo, ese Corazón divino y humano que nos quiere tanto. Y yo los noto un poco con eso: divinos y humanos. Seguro que son pecadores, yo también, pero el Señor perdona todo y… ¡Custodien eso! Y después, pocos años después, fue la consagración al Corazón de María. No olviden: esa consagración es un hito en la historia del pueblo de Ecuador y de esa consagración siento como que les viene esa gracia que tienen ustedes, esa piedad, esa cosa que los hace distintos”.
El Santo Padre hizo esta afirmación al ver rezar a nuestra gente y pedirle la bendición. Es que el pueblo sencillo tiene innumerables formas de manifestar lo que lleva dentro, y lo hace espontáneamente, como aquellos que, según narra el Evangelio, encontraban a Jesús en el camino e imploraban su misericordia para que curara a los enfermos, diera de comer a los hambrientos o liberara a los poseídos por el mal.
La fiesta del Corazón de Jesús nos habla del amor de Dios. La mayor prueba de su amor se manifiesta en el hecho de que nos ama con nuestras debilidades y necesidades. El amor de Dios es más poderoso que el pecado y la muerte. Dios nos perdona, pero nosotros no siempre sabemos perdonar al que nos ofende. Sin el perdón verdadero, las heridas continuarán sangrando. El perdón ofrecido y aceptado es condición indispensable para conseguir la paz interior y para sembrarla en nuestras familias. La lógica humana nos impulsa a la contestación y a la revancha, pero el perdón se inspira en la lógica del amor, y la fuente del verdadero amor es Dios.
Esta lógica divina debemos aplicarla a nuestra vida familiar, a veces llena de tensiones y actitudes egoístas. Para hacer realidad el proyecto divino la familia está llamada a compartir la oración cotidiana, la lectura de la Palabra de Dios y la comunión eucarística, para hacer crecer el amor y convertirse cada vez más en templo donde habita el Espíritu (Cf. Amoris Laetitia 29).
El Papa nos recordó las manifestaciones de piedad, signos de nuestra consagración al Sagrado Corazón de Jesús. A esas expresiones de piedad debemos unir el respeto, la ternura, el perdón, la paciencia y el diálogo familiar, así nuestra fe será sincera y agradable al Señor.
Como María, que meditaba todo en su corazón, nuestras familias están llamadas a vivir con coraje y serenidad los desafíos de cada día. Ella nos puede ayudar a reconocer en la historia familiar la presencia misericordiosa de Dios que siempre perdona.

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