A partir del lunes 24 de agosto de 2020, en todos los templos parroquiales que están en la segunda fase de la reapertura segura, quedan autorizados para celebrar la Eucaristía de manera pública, con la presencia de feligreses. Al igual que podrán celebrar bautizos, matrimonios y misa de exequias, manteniendo siempre el aforo reducido y respetando todas las medidas de bioseguridad, establecidas en el protocolo, aprobadas por el COE nacional.
De esta manera la Arquidiócesis de Cuenca, inicia la tercera fase de la reapertura de sus templos y la atención pastoral parroquial. La decisión fue tomada considerando que nuestra iglesia ha venido ejecutando con seriedad el protocolo de bioseguridad, establecido por la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, a partir del 18 de mayo de 2020. La Comisión Arquidiocesana Técnico Pastoral, ha constado la seriedad y disciplina de cada uno de los sacerdotes a la hora de implementar los espacios, con el control de bioseguridad, para que los feligreses encuentren espacios seguros y limpios.
La Iglesia de Cuenca, tal y como lo estipula el protocolo, conformó la Comisión Técnica, que además de mantener un diálogo permanente con cada una de las parroquias, ha verificado la implementación del protocolo de bioseguridad en las 82 parroquias; el proceso de reapertura de los templos ha incluido la capacitación a los sacerdotes y a los grupos de bioseguridad de los templos y todos los templos que abrieron sus puertas implementaron la señalética y los insumos de desinfección, junto con los termómetros infrarrojos para control de la temperatura, al ingreso de los feligreses.
De esta manera, los feligreses que acudieron a los templos, lo han hecho de forma ordenada, respetando siempre los horarios de toque de queda, establecidos por el COE nacional. En los templos han participado de momentos de oración, del sacramento de la reconciliación, de la santa comunión y la atención de los despachos parroquiales. Demostrando que la sed de Dios ha hecho que el fervor religioso de nuestro pueblo se haga presente de diversas maneras, pero sobre todo, la necesidad espiritual de recibir los sacramentos como “signos eficaces instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia (Cf. CEC 1131).


































































